La justicia en el Nuevo Testamento


Rvdo. José Luis Báez

 

Durante este trimestre estudiaremos la justicia en el Nuevo Testamento. La justicia es un atributo del carácter de Dios. La justicia se refleja, plantea Justo González, en toda la creación, particularmente en la humanidad. Dios es la fuente de toda justicia. Cuando la justicia de Dios se relaciona con el ser humano, hay rectitud y equidad. En otras palabras, cada quien recibe lo que le corresponde. Por ello, no puede decirse que lo que le corresponde es bueno o malo, ya que es lo justo. La intentona de Platón, el filósofo griego, de explicar la naturaleza humana establece cuatro virtudes cardinales y entre ellas está la justicia. Se le llama justicia a la armonía de todos los aspectos del ser humano. Por otro lado, en el pensamiento aristotélico de la filosofía clásica, la justicia tiene un carácter limitado de una virtud particular.
           

En el cristianismo el tema principal es el amor. Esto no debe asombrarnos, ya que Jesús es la justicia divina expresada en amor. La encarnación y la muerte de Jesús en la cruz componen el fundamento supremo del amor divino en justicia y salvación. Este ejemplo supremo, revelado en Jesús, se traduce en la actitud que debe tener el ser humano. Actuar con justicia no es un aspecto desencarnado, sino todo lo contrario, es la actitud del creyente.
           

En el Antiguo Oriente el concepto justicia era relacionado con la palabra del Rey. Si un Rey hablaba, su palabra se consideraba buena y justa. No olvidemos que en la antigüedad el Rey era considerado como divino. Desde los sumerios este concepto era así, pero para los babilónicos no. Estos últimos, aunque no se consideraban divinos, sus pretensiones de administrar la justicia divina permanecieron. Esa administración se hacía a favor de los oprimidos.
           

En el Antiguo Testamento la justicia son las acciones divinas que producen el bienestar del ser humano. Sea esa justicia el castigo para el opresor, como la liberación del oprimido. Se trata de darle a cada uno lo propio. Este acto devuelve equidad a la humanidad y los errores se rectifican. Hay una modificación de la justicia del Cercano Oriente en el Antiguo Testamento. Se despoja a los reyes de esa infalibilidad en su proclamación. Entonces, la Torá toma el lugar de Palabra Divina desde la que se promueve la justicia. Aunque haya aspectos, que parezcan injustos, en la Torá, para aquel tiempo no lo eran. La Torá valora el ser humano.
           

En el Nuevo Testamento Jesús afirma la Torá «No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas (es decir los mandamientos); no he venido para abrogar, sino para cumplir» (Mt 5.17). La autoridad de Jesús es la misma Palabra que imparte justicia cuando es interpretada correctamente. Jesús contrasta la vida adherida a la Ley con la propia vida interior de justicia. Buscar el reino de Dios es buscar su justicia (Mt 6.33). La justicia es una actitud del creyente y para entrar en el reino de los cielos se requiere de una justicia mayor a la de los escribas y fariseos (Mt 5.20). Para Jesús la dignificación del ser humano y su estabilidad era más importante que cualquier actitud religiosa. Por eso una actitud legalista carece de valor espiritual y la compasión nos remite a la justicia, así como nuestro Salvador la ejecutó.
           

Para Jesús, «Palabra Encarnada», el carácter justo de Dios debe definir la vida. Denunciar el mal (hambre, dolor, angustia, tristeza, enfermedad, abuso, corrupción, etc.) es nuestra misión, pero atenderlo es ser justo. Sin Misericordia no hay Justicia. En la convivencia humana es vital la misericordia, porque en ella se revela el carácter de Jesús en nuestra vida. Dios mismo propicia el perdón de nuestros pecados desde la muerte de Jesús, quien nos justificó. Si Dios, en Jesús, nos perdonó, lo justo es perdonar.
           

¿Qué es lo primordial? Lo primordial es una fe Cristocéntrica que encarne la justicia en lo cotidiano. Sin embargo, dejar a un lado la oración, la búsqueda profunda, la lectura bíblica, deteriora la manera de actuar para el creyente. Por medio de Cristo nos movemos a una justicia eterna. La acción de Jesús no trae una nueva enseñanza sobre la justicia, sino un nuevo paradigma sobre la misma. El nuevo paradigma centra la justicia en el Evangelio de Jesucristo. Ese Evangelio «Buena Noticia» provoca los cambios más profundos en la vida del creyente. Desde el fundamento Cristocéntrico podemos proclamar la justicia social. Servir y amar desde Cristo, devuelve la equidad a nuestra sociedad. Así se cumple la vocación de justicia. Para comunicar justicia y equidad hay que vivirla desde el encuentro con Cristo. Si nuestra conducta no revela justicia, jamás nuestro carácter se parecerá al de Cristo. Sin lugar a dudas, la justicia es una actividad agradable a los ojos de Dios. No es por el esfuerzo humano, sino por la gracia de Dios que podemos practicar la justicia. Somos todos justificados desde Cristo, quien cumplió con la voluntad del Padre.
           

Desde ese marco de referencia, se mueve nuestro corazón para actuar con justicia. Si Cristo habita en mi ser hay un nuevo carácter, una nueva conducta, una nueva manera de vivir, una nueva manera de andar en justicia. Desde la conversión hay una nueva mentalidad. ¿Puede haber comprensión de Cristo sin mirar la cruz? Tampoco puede haber comprensión de justicia sin mirar a Cristo. Cristo repercute en el carácter del creyente.
           

Durante este trimestre seremos testigos de las diversas ocasiones en que Cristo reveló su justicia desde la misericordia. Jesús exige misericordia y justicia porque es «más grande que el templo» (Mt 12.6). Quien condena al inocente se olvida que para Jesús «el juez justo» el ser humano es objeto de bien. No importa cuánta cizaña haya en el campo, siempre el ser humano debe dar fruto de justicia. Nuestras acciones son las que harán nuestro propio juicio a los ojos de los demás. Si la conducta por la tradición invalida el mandamiento de Dios somos hipócritas. Nos corresponde atender al prójimo con misericordia y justicia. ¡Que así nos ayude Dios!