LECCIÓN ESPECIAL PARA LA 110ma. CONVENCIÓN

Rvdo. Juan Figueroa Umpierre

Texto Bíblico: Juan 4.23-38

Texto Áureo: Juan 4.34-35

INTRODUCCIÓN

Jesús comenzó su ministerio diciéndole al pueblo de Israel: «vuélvanse a Dios porque el reino de Dios está cerca» (Mt 4.17). Que el Reino de Dios estaba cerca significaba para los israelitas la llegada de un rey ungido por Dios para restaurar a Israel. Como veremos en la lección, Jesús tenía una noción distinta del Mesías. Él más bien buscaba que las personas fueran transformadas mediante su obediencia a los mandamientos de Dios. Para Jesús, Dios se comportaba con todos sus hijos como lo hace un padre bueno con sus hijos. ¡La buena nueva de Jesús era y es, que Dios ama y perdona al pecador arrepentido y lo restaura a su condición plena como hijo de Dios!   

Jesús predicó las buenas nuevas a un pueblo cuyos ciudadanos estaban «trabajados y cargados»por un culto que no tenía poder para liberarlos del pecado. El sistemareligioso del templo explotaba al pueblo con un culto basado en sacrificios de animales, que era costoso e ineficaz, para perdonar los pecados (Mt 10.28-30). A ellos, Jesús los invitó a venir a Él, para encontrar descanso de sus trabajos y paz para sus almas. 

Como buenas nuevas, Jesús anunciaba que Dios, por su puro amor, perdonaba y acogía a los pecadores, que arrepentidos vinieran a Él. Él respaldaba su mensaje con hechos prodigiosos, sanando las enfermedades y dolencias que la gente del pueblo sufría. 

Con ese programa en mente, Jesús reclutó a Pedro, Andrés y todos sus apóstoles. A Pedro y Andrés, que eran pescadores, les dijo: «síganme, y yo los haré pescadores de hombres» (Mt 4.19). Que ellos se convertirían en pescadores de hombres significaba que mediante la proclamación de las buenas nuevas, ellos ganarían personas para el Reino de Dios. Mediante el perdón de sus pecados, las personas recibirían descanso para sus almas. 
 
Las buenas nuevas de Cristo presentan a Dios no como una figura, que la relación con Él es una carga onerosa, sino que Dios es presentado como un ser personal, que en virtud de su amor, justicia y verdad propicia que sus hijos tengan comunión con Él y amor fraternal unos con otros. Cristo percibió su venida al mundo como un Pastor que vino a reunir el rebaño de Dios. Él se percibía como un pastor que su vida da por sus ovejas y no como el ladrón que ve venir al lobo y huye, porque «no le importan las ovejas». 

Después que Jesús terminó su ministerio terrenal envió al Espíritu Santo, que forjó la iglesia como Cuerpo de Cristo y en ella contamos con el poder, consejo y consolación del Espíritu, para que podamos crecer y testificar el mensaje de las buenas nuevas de Cristo a toda persona. Bajo la dirección del Espíritu Santo todos los seguidores de Cristo, en una u otra forma, somos comunicadores de las buenas nuevas de Cristo al mundo.

El pasaje que estudiamos hoy enseña cómo Cristo presentó el mensaje de las buenas nuevas a la samaritana, al grado que la llevó a los caminos de Dios y la convirtió en una persona valiosa para la evangelización de su pueblo y en un modelo para todos los que deseamos seguir llevar al mundo el mensaje de las buenas nuevas de Cristo.   

PROPÓSITO

Definir los contenidos de las buenas nuevas y su correspondencia con el evangelio. Presentar los énfasis que Jesús hizo para que la samaritana lo conociera como el Mesías y se convirtiera en exponente de las buenas nuevas.

VOCABULARIO

MESÍAS: Mesías es un título real (Jn 4.25). Entre los israelitas el título Mesías tenía una connotación de liberación nacional, ya que ellos habían sufrido a lo largo de su historia de la intervención de otros pueblos. Jesús le dio una connotación espiritual y universal al título. El Mesías de Dios venía para instaurar el reino o gobierno de Dios, que garantizaba la libertad y realización moral y espiritual de todas las personas mediante la obediencia a los mandamientos divinos.  
RABÍ: Aquí (Jn. 4.31) Rabí es equivalente a Maestro y Señor, como en Juan 13.13. Jesús aceptó el título, pero aconsejó a sus discípulos que no lo aceptaran, «porque uno es vuestro maestro, el Cristo» (Mt 23.8).

BOSQUEJO: 

    1. Dios es Espíritu y deber se adorado en espíritu y en verdad (Jn 4.25-29).
    2. Cristo es el enviado de Dios y conduce a la vida eterna (vv. 30-34).
    3. En la siembra y cosecha de las buenas nuevas hay gozo (vv. 35-38).

 

RECOMENDACIONES EDUCATIVAS

Entre las recomendaciones educativas que pueden facilitar el desarrollo y análisis de la clase de hoy están las siguientes:

  • Comience y termine dando gracias por haber conocido a Cristo y tener la oportunidad de compartir las buenas nuevas con las demás personas.
  • Pida a tres estudiantes que cada uno lea un tema del bosquejo con sus textos.
  • Discuta el análisis y aplicación de la lección, sin olvidar:
    • Que Jesús, por no tener prejuicios, fue capaz de iniciar conversación con la Samaritana y qué significa estar libres de prejuicios para el cristiano hoy.
    • Que Jesús impresionó a la samaritana, pero ella tenía una idea material de la adoración a Dios y Cristo la retó a conocer y adorar a Dios en espíritu y en verdad.
    • Preguntar: ¿qué tres aspectos provee el Análisis de la lección sobre lo que significa adorar a Dios en espíritu y en verdad?
    • Que la Samaritana abrió el tema de la esperanza de un Mesías Salvador. Jesús aprovechó la oportunidad y se le presentó como el Mesías. 
    • Preguntar: ¿qué diferencia hay entre el Mesías esperado por judíos y samaritanos y el sentido que Jesús le dio a su obra mesiánica?
    • Que la samaritana hizo lo que el cristiano debe hacer: ir a los suyos y llevarlos a Jesús, para que ellos vieran que Él era el Mesías de Dios.
    • Que para que la iglesia pueda anunciar efectivamente que Jesús es el Mesías que trajo vida eterna al mundo tiene que apoyarse en sus enseñanzas sobre el significado de su muerte y resurrección.  

ANÁLISIS DE LA ESCRITURA

            Juan 4.23-38

            vv. 23-24: La samaritana estaba tan impresionada con Jesús que pensó que Él era un profeta, pero hablando con Este descubrió que era el Mesías. Ella al alegar a Jesús que… sus «padres adoraron en este monte (Gerizim), pero vosotros (los judíos) decís que Jerusalén es el lugar donde se debe adorar» (Jn 4.20), quiso desviar la conversación hacia un debate insoluble e irrelevante. Jesús tenía una facultad especial para descubrir personas con buenas motivaciones, por eso no se distrajo de su propósito de darse a conocer a ella como el Mesías y continuó retándola para que ella lo conociera como el Mesías de Dios. En lugar de hacer énfasis si Dios debía ser adorado en este o aquel monte, le respondió sobre cómo Él debe ser adorado. Esto lo hizo cuando le dijo a ella: «La hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren».

            Esta respuestade Jesús tenía tres aspectos sobre las buenas nuevas. Primero, que para Dios no importa que se le adore en Gerizim, como decían los samaritanos o en Jerusalén, como decían los judíos. Segundo, que la adoración a Dios no es cuestión de ritos, sino que consiste en hacer la voluntad de Dios. Tercero, que  adorar a Dios en espíritu y en verdad es una necesidad que hay que satisfacer inmediatamente. Porque, «La  hora viene y ahora es», cuando Dios, que es espíritu, está buscando adoradores que le adoren como Él es.
  
            vv. 25-26: Estos versículos tratan sobre el advenimiento del Mesías de Dios. Advenimiento que la Samaritana esperaba, ya que judíos y samaritanos esperaban un salvador que les redimiera de la opresión política que estaban padeciendo. Samaritanos y judíos, ante el fracaso de mantener su independencia, esperaban un salvador para restaurar su nación. La samaritana muestra que tenía fe en la esperanza mesiánica, porque le dijo a Jesús ─ «Se que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas». Jesús, que siempre sabía cuándo era el momento oportuno para actuar, se le manifestó como el Mesías de Dios, diciéndole: ─ «Yo soy, el que habla contigo». ¡Ese fue el clímax de la conversación! ¡Que el Mesías había llegado y estaba frente a ella era en sí misma la gran noticia! ¡Las buenas nuevas están en conocer a Cristo! ¡Esa era y es la noticia que da sentido redentor a toda la predicación y el quehacer de los cristianos! ¡Sin esa noticia todo lo que se haga es igual a nada! ¡Que el Mesías tiene nombre y se llama Jesús es el mensaje de las buenas nuevas! ¡Que Jesucristo fue enviado por Dios al mundo, no para condenarlo, sino para salvarlo, es el fundamento de la proclamación de las buenas nuevas (Jn 3.16-17), pero si se ocultare este mensaje, la iglesia ha de languidecer! En cambio, mientras reconozcamos en Jesús «al Cristo, el Hijo del Dios viviente», estaremos en la roca, sobre la cual Dios «edifica su iglesia» (Mt 16.16-17).  

            vv. 27-34: Cuando Jesús se le presentó a la samaritana como el Mesías «llegaron los discípulos y se asombraron de que hablara con una mujer». Ellos habían salido a comprar alimentos y cuando llegaron se sorprendieron de que Él estuviera hablando en público con una mujer, porque no era usual que un Rabí lo hiciera.

            Una vez que ellos llegaron, la samaritana «dejó su cántaro, fue a la ciudad y dijo a los hombres: ─ Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será este el Cristo?» Los hombres de la ciudad, al ver tanto entusiasmo en ella, «salieron… y vinieron a él». Cuando ella dejó el cántaro en el pozo y fue a presentar a Cristo a los «hombres de la ciudad», hizo lo que todo cristiano debe hacer: dar testimonio de Cristo, partiendo de su experiencia con Él. El mensaje de Cristo había calado tan profundamente en ella, que olvidó su cántaro y fue a hablar de Cristo a los suyos. No solo había creído en las buenas nuevas, sino que se había convertido en testigo de Cristo.

            En ocasiones nos creemos que debemos convertir la gente. Si nos obligamos a esa tarea, nos hemos de frustrar. Nadie puede convertir a otra persona. Cristo es el que convierte y nosotros lo único que tenemos que hacer es conducir a la gente a Cristo, Quien es el autor consumador de la vida.  

            Cuando los Discípulos llegaron a Jesús y vieron a la samaritana hablando con Él, no se interesaron en lo que estos hablaban, sino que le pedían que comiera de las provisiones que habían traído. A la insistencia de ellos, Jesús les respondió ─ «Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis». Ante la respuesta de Jesús, ellos, debido a su mente material, se preguntaban si alguien «le había traído de comer». Jesús les explicó sus dudas, diciéndoles: ─ «Mi comida es que haga la voluntad del que me envió y que acabe su obra».Con esa expresión, Jesús significó que para Él cumplir el propósito salvador de Dios tenía la primacía sobre todo otro asunto. Poner el Reino de Dios en primer lugar no implicaba que la comida no fuera importante, sino que establecía que en su vida nada podía tomar el lugar que ha Dios le pertenecía. Realizar la voluntad de Dios para Él, dejaba la puerta abierta para disfrutar de todas las demás cosas, como «añadiduras», pero darle primacía a las añadiduras y postergar el Reino de Dios, para Él era vivir al revés, o sea: desvivir.

            Debemos saber que conocer y hacer la voluntad de Dios es posible por tres bendiciones que Él ha dado a su iglesia. Primera, Dios nos ha dado sus mandamientos, que nos revelan su voluntad. Jesús dijo que la voluntad de Dios se cumple de dos formas: (1) amando a Dios sobre todas las cosas; (2) amando al prójimo, como a uno mismo. La segunda bendición es la dádiva del Espíritu Santo, que nos permite conocer y hacer la voluntad de Dios revelada en Cristo. Tercera, que hemos sido llamados a pertenecer a la Iglesia de Cristo, una comunidad nutrida por la Palabra de Dios, que revela su voluntad. 

            vv. 35-38: «¿No decís vosotros:‹aún faltan cuatro meses para que llegue la siega?›Yo os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega». El tiempo que hay entre la siembra y la siega de la mies dura cuatro meses.  En esta metáfora: ¿cuál es la siembra y cuál es la siega? Los que sembraron fueron los profetas, que en su tiempo anunciaron el advenimiento de Cristo, el sentido de su muerte y resurrección (1 P 1.10-12). Quienes sembraron fueron los profetas se hace claro con la cita que Jesús hizo del siguiente proverbio: «En esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra y otro es el que siega». Del proverbio, Jesús pasó a su orden apostólica, al decirles: «Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros lo labraron y vosotros habréis entrado en sus labores».  La iglesia de Cristo ha entrado en las labores de los sembradores al continuar presentándole como el Mesías, que trae «vida eterna». Al             predicar el evangelio estamos cosechando lo que otros sembraron y tal como indica Jesús,  «el que siega recibe salario y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra se goce juntamente con el que siega».Esta nota de gozo para el que siembra y para el que cosecha distingue el apostolado cristiano, donde lo que unos hacen contribuye a lo que otros hacen y todos comparten la alegría al darle continuidad a la siembra y la cosecha de las buenas nuevas, que imparten vida eterna al mundo.

APLICACIÓN DE LA LECCIÓN

            No hay duda que la conversación de Jesús con la samaritana es el modelo ideal para aprender a compartir las buenas nuevas. En primer lugar, debemos considerar que para comunicar las buenas nuevas hay que desprivatizar la fe. La fe se privatiza si dejamos que los prejuicios nos encapsulen y aíslen de las otras personas. Jesús, para encontrarse con la samaritana, cruzó dos grandes barreras. Primera, no dejó que el odio racial entre samaritanos y judíos le privara de pasar por Sicar, donde estaba un pozo construido por el patriarca Jacob.  Segunda, no permitió que el prejuicio religioso, que prohibía que un Rabí hablara en público con una mujer, le impidiera hablar con la samaritana. 

            A la luz del ejemplo de Jesús debemos preguntarnos: ¿qué prejuicios nos impiden una relación abierta con las demás personas para que podamos comunicarles nuestra fe? ¿Estaremos en alguna forma dando espacio a prejuicios de clases, raza o políticos?

            La samaritana, a pesar de admirar a Jesús, trató de llevarlo a discutir el tema de si a Dios se debía adorar en Siquem o en Jerusalén. Jesús supo anular esa estrategia evasiva y usar la admiración que ella tenía por Él, para acentuar su mensaje de las buenas nuevas. Un mensaje que hablaba de Dios, no como una figura que quiere que se le adore con ritos o que está localizada en uno u otro monte. En cambio, Cristo presentó a Dios como espíritu, que requiere un culto espiritual y verdadero.  En este respecto, debemos determinar si conocemos nuestra fe como para ser capaces de evangelizar obviando discusiones insolubles y triviales y destacar los valores que, ciertamente, contiene el evangelio de Cristo para toda persona.

            Cuando Cristo dijo a sus Discípulos que su comida era hacer la voluntad de Dios debemos preguntarnos: ¿qué lugar ocupa la voluntad de Dios en nuestra vida? Un cristiano, al que le dije lo importante que era para crecer en la fe hacer la voluntad de Dios, desesperadamente me dijo: «Pero Pastor, es que yo no sé cuál es la voluntad de Dios». Quizás, él suponía que conocer la voluntad de Dios era como si pudiera leer la mente de Dios y precisar lo que Él quería para cada situación de su vida. No se trata de eso, sino que Dios nos ha revelado su voluntad redentora en sus mandamientos y nos ha dado las Escrituras para que sepamos lo que Él quiere de nosotros. Además, nos ha dado su iglesia, que es la comunidad del Espíritu, en la cual bajo el consejo del Espíritu Santo y la unidad de los hermanos, podemos discernir y hacer la conducta que agrada a Dios.

            Para comprender lo que debemos hacer podemos aplicar la enseñanza de Jesús, que resume los diez mandamientos de Dios en dos. Jesús dijo que el primer mandamiento es amar a Dios sobre todas las cosas y que el segundo es amar al prójimo como a uno mismo ¿Acaso no es eso suficiente para guiar nuestro comportamiento moral y espiritual por el buen camino? Si podemos contestar que sí a la anterior pregunta, ciertamente estamos en el camino correcto para continuar creciendo como personas y como hijos de Dios.  

            Podemos confiar en que si nos proponemos hacer únicamente las cosas que agradan a Dios, no estaremos solos en esa decisión, porque Dios, que es espíritu, ha de estar con nosotros y nos dará la fe, la inteligencia y el poder para hacer Su voluntad.

            Señalamos en el Análisis de la lección, que el mensaje de las buenas nuevas se fundamenta en el entendimiento de quién es el Mesías de Dios. Cuando Jesús dijo a sus discípulos que Él tenía una comida que comer que ellos no sabían y que esa comida era hacer la voluntad de su Padre, estaba hablando a nivel biológico y espiritual. Hoy, sabemos que los alimentos nutren mente y cuerpo, para que los seres vivos puedan realizar sus funciones físicas y mentales. Debemos hacernos las siguientes preguntas: ¿es para nosotros hacer la voluntad de Dios un alimento para nuestra alma? Como resultado de hacer la voluntad divina: ¿estamos creciendo en inteligencia espiritual y en comprensión de nuestras realidades? ¿Es nuestro propósito tener cada día una voluntad más firme y entusiasta que nos mueva a cumplir con la obra de Dios? ¿Sabemos que el tiempo de nuestra vida pasa rápidamente y no vuelve? ¿Podemos ver en Jesús a una persona que superó las limitaciones del tiempo y que siempre estuvo presto para terminar la obra que Dios le había encargado? 

            Un pensador cristiano expresó las consecuencias de no actuar en el tiempo que Dios nos da, diciendo: «Cuando pudiste no quiste, cuando quieras no podrás y así por un mal querer perderás un buen poder». Si esa es la realidad: ¿por qué tanta gente pospone las cosas de Dios para luego? ¿Es cierto o no, que cumplir con la obra de Dios a su debido tiempo da mayor sentido, gozo y aprovechamiento de la vida? ¿Sabemos o no, que actuar oportunamente mejora la salud porque libera a la persona de caer en desesperación, por causa de tener muchas tareas incompletas, cuando ya no hay tiempo ni energía física y mental para realizarlas? ¿Sabemos que actuar oportunamente provee un sentido pleno de realización personal y espiritual?

            El hecho de que Jesús sea el Mesías de Dios es el fundamento del evangelio. Jesús, sabiendo la importancia que tiene el poder identificar al verdadero Mesías, aprovechó cuando la samaritana le dijo: «Sé que ha de venir el Mesías», Él le respondió ─«Yo, soy, el que habla contigo».  Podemos decir que sin recibir a Jesús como el Mesías de Dios, no hay evangelio. Esa realidad demanda que para compartir las buenas nuevas estemos preparados para presentar a Cristo como el Mesías de Dios. Tenemos que preguntarnos: ¿qué imagen tenemos y damos de Cristo? ¿Fue Jesús igual a otros de los grandes genios religiosos de la humanidad? ¿Fue un maestro extraordinario? ¿Fue un reformador religioso o un revolucionario? De todo eso, Él tenía algo. Sobre todo: Él se consideró a sí mismo como el enviado de Dios, para redimir a los seres humanos de pecado y la muerte, en virtud de sus enseñanzas, su muerte y resurrección. Hechos que ocurrieron y son convalidados con su continua presencia en la iglesia, a través del Espíritu Santo.

Con Cristo terminaron los sacrificios de animales para alcanzar el perdón de Dios y somos salvos en virtud de tener fe en Él, en su amor sacrificial y en el poder de su resurrección. Con Él comenzamos a adorar a Dios en espíritu y en verdad, nos unimos a nuestros hermanos y hermanas en la fe para hacer la voluntad de Dios, regocijarnos en la siembra y en la cosecha del evangelio de la paz.  

RESUMEN DE LA LECCIÓN:

En esta lección hemos destacado que:

  • Las buenas nuevas de Cristo son idénticas con su evangelio.
  • Todo el que ha creído en el evangelio de Cristo siente una viva pasión por adorar a Dios en espíritu y en verdad y en llevar su mensaje a todo el mundo.
  • Jesús vivió como el enviado de Dios para salvar al mundo y obró cada día para culminar su obra de dar vida eterna al mundo. 
  • La buena noticia de Dios es que Él trata a los seres humanos como un padre bueno y que ha de perdonar por amor a los pecadores que arrepentidos vengan a Él.
  • Para ser perdonados ya no hay que sacrificar animales en el tempo, porque se ha de recibir el perdón y la vida eterna por el sacrificio de Cristo en la cruz y por el poder de su resurrección.
  • Que solo la predicación que reconoce a Jesús como el Mesías de Dios, que murió en la cruz y fue resucitado por el poder de Dios, es la que comunica vida eterna.   

 
ORACIÓN

Gracias oh Dios, porque a través de Cristo, nos haz alcanzado con el mensaje que nos ha llevado a tu reino de amor y verdad. Capacítanos para vivir cada día haciendo tu soberana voluntad. En un mundo como el nuestro, que está atrapado por la mentira, la injusticia y el desamor, permítenos vivir como testigos de las buenas nuevas de Cristo, que tienen poder para trasformar las vidas y encaminarlas hacia tu reino de paz, justicia y amor. Amén.