Revista El discípulo




Lección especial para la 109na. Convención

Sirvamos en espíritu y en verdad

Autor: Rvdo. Juan Figueroa Umpierre

Texto bíblico: 1 Juan 3.18; Filipenses  2.5-11
Texto Áureo: Filipenses 2.5-10

INTRODUCCIÓN:
Esta lección presenta la obra salvadora de Cristo. Obra que forja su iglesia y que los cristianos deben conocer y testificar en todo el mundo. La obra de Cristo, según es presentada por el apóstol Pablo, se ancla en dos eventos fundamentales. El primero de ellos es la humillación de Cristo, humillación la cual llegó al extremo de morir en la cruz para obedecer al Padre y redimir a la humanidad. El segundo es la resurrección de Cristo. Resurrección que fue obrada por Dios para validar el sacrificio de Cristo y convertirlo en fuente de redención y plenitud de vida.    

La humillación y exaltación de Cristo, de las cuales Pablo nos habla aquí, fueron profetizadas por Isaías (Is 53). Isaías describe al Cristo crucificado como una figura «despreciada y desechada entre los hombres», aunque en realidad, Él fue «herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados». Contempló su resurrección y exaltación cuando anticipó que Él: «Vivirá por largos días y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada».     

Siguiendo ese modelo, Pablo dice que Cristo «siendo en forma de Dios… tomó forma de siervo» y murió en la cruz para abrir camino de redención al ser humano. Por Cristo haberse humillado, hasta morir en la cruz, Dios convalidó su sacrificio levantándolo de los muertos y dándole un «nombre que es sobre todo nombre». Del Cristo que voluntariamente se despojó de su gloria y murió en la cruz para salvar a los seres humanos, Dios dice que es merecedor «que ante él se doble toda rodilla en los cielos y en la tierra».  

Siguiendo el pensar y el actuar de Cristo, los cristianos enfrentamos las humillaciones que sean necesarias para servir a Dios y al prójimo y las enfrentamos con la certidumbre de que somos «más que vencedores». El énfasis de esta lección es que los cristianos no debemos temer antes las crisis que tengamos que enfrentar, sino que debemos orientar nuestro estilo de vida y conducta para que sea conforme al amor y verdad de Cristo.   

PROPÓSITO:
El propósito de esta lección es destacar que:

  1. Cristo expresó su obediencia a Dios y amor sacrificial por la gente con palabras y acciones de bien.
  2. Los cristianos debemos expresar nuestra fe en Dios y amor por la gente con palabras, acciones y actitudes que respondan al espíritu de Cristo. 
  3. Aunque obedecer a Dios con palabras y acciones demande que el cristiano se comporte con humildad, contiene poderes para que pueda levantarse y glorificar a Dios viviendo una vida de excelencia.

VOCABULARIO:
«FORMA»: El concepto forma usado aquí (Flp 2.6), significa la naturaleza que Cristo tenía antes del principio de la creación, que era igual a Dios. La forma hace que cada cosa sea lo que es. Por ejemplo, un árbol puede cortarse y según la forma que se le dé a su madera se convierte en mesa, silla o cualquier otra cosa deseada por el carpintero.

«AFERRARSE»: Que Cristo no se aferró significa que Él no se sujetó con voluntad firme a su dignidad divina y que fue tan flexible como para adoptar la naturaleza humana para obedecer a Dios y redimir a los seres humanos de la miseria de sus pecados.  

«SEÑOR»: Generalmente, el concepto señor es un título de nobleza social, autoridad o derecho de posesión. Distinto a ese uso, en el Antiguo Testamento se aplica a Dios. Después de la resurrección de Jesús, se aplicó también a Él. Cuando se dice que Cristo es el Señor se destaca su divinidad, que es vista en paridad con Dios Padre, tal como se desprende de Mt 8.2-3; 22.43-45; Lc 2.11; Jn 2.66-68; Ro 1.3-4;  l Co 8.6; Ef. 4.5-6 y Flp 2.11.  
    
BOSQUEJO:

  • Llamado a expresar el amor de Cristo con palabras y actos (Jn 3.18).
  • Ejercer el amor de Cristo capacita al cristiano para que pueda:
    1. No aferrarse a su yo y obrar conforme al sentir de Cristo (Flp 2.5-6).
    2. Pensar y sentir como Cristo, que se humilló a sí mismo (vv. 7-8).
    3. Humillarse como Cristo y ser levantado por Dios (vv. 9-11).  

RECOMENDACIONES:
Entre las recomendaciones educativas que pueden ayudar al desarrollo y análisis de la lección de hoy, están las siguientes:

  • Comenzar y terminar la clase con una oración.
  • Leer los textos bíblicos con los temas, según bosquejados.
  • Pregunte: ¿Cuál es la enseñanza de 1 Juan 3.18 y cómo se relaciona con Filipenses 2.5-11?
  • Afirme que amar como Cristo tuvo costos de vida para Él, y que de igual modo sus seguidores los han de tener también. Pregunte, ¿qué cosas son necesarias para pagar los costos de obedecer a Dios y amar a los hermanos? Entre éstas no deben faltar que necesitamos entender:
    • La fe cristiana como ofrenda a Dios y servicio a los hermanos.
    • Que Dios asiste al que sirve a sus hermanos en el espíritu de Cristo.  
    • Que pensar y sentir conforme a la mente de Cristo libera a la persona  de sus deseos carnales para que sirva y se realice como hijo de Dios.   
    • Que pensar, sentir y actuar conforme al espíritu de Cristo no es un me-ro proceso intelectual, sino que permite que la persona sienta la presencia de Dios y obedezca su palabra.
    • Que el amor de Dios es cónsono con su poder, un poder que desconoce la soberbia y se manifiesta en los humildes, que adoran a Dios y sirven con amor y verdad a sus hermanos.
    • Que si el cristiano piensa y siente conforme al espíritu de Cristo recibe el consuelo de Dios, el estímulo de Cristo y los afectos entrañables de sus hermanos en la fe.  
  • Separe en columnas las actitudes que distinguen a los que piensan y a los que no piensan conforme al espíritu de Cristo y discutan porqué hacen la distinción: equidad, generosidad, parcialidad, flexibilidad, orgullo, consideración, soberbia, confidencialidad, lujuria, compasión, pureza, diligencia, cólera, murmuración, egoísmo, negligencia, sencillez, indolencia, desaliento, hostilidad, esperanza, abnegación, indiferencia, atención, bondad, nobleza.       

 
ANÁLISIS DE LA ESCRITURA:

1 Juan 3.18; Filipenses  2.5-11

1 Jn 3.18: Aquí hay un apasionado y paternal clamor de Juan a los cristianos para que expresen su amor con palabras y hechos, que correspondan al espíritu de Cristo. Juan, afectuosamente, llama a los hermanos en la fe «hijitos míos». Como padre espiritual de ellos les pide que ejerzan el amor fraternal, no solo de «palabra ni de lengua, sino en hechos y en verdad». 

Para Juan, ¿cuáles son los hechos y verdades que definen el amor cristiano? Para él, los hechos y la verdad que definen el amor cristiano no surgen de abstracciones intelectuales ni se limita a meras palabras, sino que se expresa con actuaciones que hacen bien a los hermanos en la fe.    

Juan destaca que ellos fueron amados por Cristo y habiendo sido amados en verdad por Él, saben lo que es el amor y cómo deben amar. En Cristo, la pedagogía del amor es perfecta, porque contiene palabras y hechos de amor. En realidad uno aprende a amar si ha sido amado en verdad. Con razón dice Juan: «En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros» (1 Jn 3.16). Cristo, al poner su vida en juego y a favor de sus discípulos, les hizo comprender la autenticidad de su amor por ellos.    

¿Cuál es la última prueba indicativa de que hemos aprendido a amar, como Cristo nos ha amado? Juan cubre este aspecto cuando dice: «También nosotros debemos poner nuestra vida por los hermanos».  En realidad, uno no sabe hacer una cosa solo por saber toda la teoría sobre la materia, sino que en verdad una sabe una cosa cuando la hace y la hace bien.   

Debemos saber que responder con amor a los sufrimientos y necesidades de nuestros hermanos implica correr riesgos junto a ellos. Los cristianos puestos ante los riesgos que son propios del amor verdadero, escogen amar porque ese es el mandamiento de Dios, que dice: «que nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado. Y en esto sabemos, que el que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado» (1 Jn 3.23b y 24). De modo tal, que amar siempre tiene grandes costos. Los cristianos, están resueltos, como Cristo lo estuvo, a pagarlos porque esa es la esencia de la fe cristiana. De modo tal, que obedecer los mandamientos de Dios y amar a los hermanos son comportamientos recíprocos y donde falta uno, se invalida el otro.    

Flp 2.5-7: Toda esta sección es un himno que la iglesia cantaba como confesión de fe en Cristo. En general, todo el pasaje expone la calidad del amor sacrificial de Cristo y reclama para que los cristianos se comporten conforme «al sentir de Cristo». Sentir de Cristo que conlleva pensar y actuar como Él. Es bueno recordar que servir como Cristo sirvió, tiene dos connotaciones. Primero, significa rendir culto obediente a Dios, que es la connotación destacada del sacrificio de Cristo rendido a Dios. En segundo lugar, significa acción servicial a favor de los hermanos, que es la connotación que se destaca al decir que Él se hizo a sí mismo un siervo.   

Por ser el culto a Dios y la salvación acciones recíprocas, Cristo, «siendo en forma de Dios, no estimó el ser a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mis-mo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres». En primer lugar, el himno dice que Cristo antes de venir al mundo era como Dios. En segundo lugar, dice que en su función redentora, voluntariamente Él desprendió de su ser divino y tomó una naturaleza semejante a los hombres.

Para Cristo, el hecho de despojarse de su «forma divina» y tomar la «forma de siervo» fue un acto realizado voluntaria y generosamente. Sacrificio, cuya única motivación era obedecer a Dios y redimir los seres humanos. De ahí, resulta que todo buen servicio realizado con fe sea, a la misma vez, un acto dirigido a Dios como culto y al ser humano como beneficio. Cristo, al despojarse de su forma divina y tomar forma humana, no se aferró a su naturaleza divina, sino que la sacrificó en vías de comunicar a los seres humanos, con palabras y hechos, el amor y el poder redentor de Dios.         

v. 8: «Más aún, hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz». Cristo no solo bajó al nivel real de las miserias humanas, sino que descendió hasta lo peor de ellas, ya que estuvo dispuesto a morir en la cruz, que era lo más bajo de la condición humana. En obediencia al Padre, Él aceptó morir en la cruz, con tal de expresar en ella a los seres humanos el poder del amor redentor de Dios. Antes de Cristo morir en la cruz, ella era signo de vergüenza y desprecio. Con la muerte de Cristo en la cruz y con la resurrección obrada por Dios, la cruz se convirtió en signo del amor y del poder redentor de Dios.

vv. 9-11: En respuesta a la obediencia de Cristo, «Dios lo exaltó sobre todas las cosas» y Cristo, de ser el siervo sufriente, pasó a ser el Señor de la Iglesia y de la nueva creación de Dios. Habiéndose Cristo humillado para servir a Dios y a la humanidad, y habiendo sido levantado por Dios, le fue conferido «un nombre que es sobre todo nombre». El nombre que es sobre todo nombre está en paridad con Dios. Es como si dijera, que Cristo, humillado en la cruz y levantado por Dios, recupera su divinidad original y por lo tanto, ante Él «se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra». Se declara que ante Él: «Toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor; para gloria de Dios Padre». Aquí se hace distinción entre el Padre y el Hijo, sin embargo, se establece una igualdad en funcionalidad y propósito redentor, que es fundamental para entender la verdad del Dios Trino, completado con la divinidad del Espíritu Santo, ya que las tres divinas personas en su función creadora, redentora y consoladora, actúan en unidad y consonancia.

Debemos tomar en cuenta que en el Antiguo Testamento se nombra Señor a Dios y que en el Nuevo, se nombra a Jesucristo como el «Señor». En ese caso, el concepto Señor no es un título de nobleza, sino que hace referencia a la paridad del Cristo resucitado con el Dios Padre. El apóstol Pedro fue el primero que relacionó la resurrección de Cristo con su divinidad, cuando dijo en Pentecostés: «Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha hecho Señor y Cristo» (Hch 2.36).

De hecho, «que Jesucristo es el Señor» fue la primera confesión de fe sobre Él, que se hace en el Nuevo Testamento y resulta ser fundamental para la fe cristiana. Esta confesión surgió después de la resurrección de Cristo y puede leerse en Hechos 2.36, 1 Corintios 1.3; 12.3 y en  numerosos pasajes del Nuevo Testamento.  

APLICACIÓN:

Al aplicar esta lección debemos atenernos a la regla de que todo texto debe entenderse en su contexto. Eso es así, especialmente en este pasaje bíblico, en el cual Pablo dice que todo cristiano debe pensar y sentir conforme a la mente de Cristo. Además, hace dos aplicaciones de su enseñanza.    

La primera tiene que ver con la formación de la persona cristiana en el interior de la iglesia y la segunda, con su testimonio en la vida pública. En relación con la formación del cristiano, él dice que en virtud de la unidad con Cristo, el pensamiento y el sentimiento de los cristianos tienen que ser conforme al espíritu de Cristo. Esto implica que a partir de la unidad de cada cristiano con Cristo, se produce la unidad de la iglesia como cuerpo Suyo. Parece que entre ellos había un problema de división y Pablo aprovechó el aspecto doctrinal para fortalecer la unidad de la iglesia.

En estos días algunos cristianos, equivocadamente, piensan que la unidad cristiana es pura uniformidad conceptual. Una uniformidad que no pasa de ser producto del dominio de  una persona autoritaria sobre la iglesia. Lejos de eso, Pablo explica cuál es el centro de la unidad cristiana. Nos dice que ella depende de si los cristianos piensan, sienten y actúan conforme a la mente y sentimientos de Cristo. Según esta enseñanza, ¿cuál es la distinción suprema del pensar y el sentir de Cristo, sino que Él se humilló a sí mismo para servir a Dios y amar a los seres humanos? La unidad no se da donde cada quien se aferra a su ego y trata de imponerlo sobre los demás. Esa actitud más bien debilita la unidad cristiana y multiplica las tensiones y divisiones entre cristianos.

En su aplicación del principio de la unidad del cristiano con la mente y sentimientos de Cristo, el apóstol pide a los filipenses que sean una comunidad consoladora, que recibe estímulos de amor, que practica la comunión del Espíritu, que recibe y da afectos entrañables y en misericordia (Flp 2.1). ¿Cuáles son las actitudes que estos frutos de la unidad del cristiano con Cristo generan en el pensamiento, sentimientos y acciones de los seguidores de Él?  

Los estímulos de amor generan palabras y acciones inspiradas por Dios, que mueven a las personas paralizadas por el miedo y el odio del mundo a cimentarse en la fe y  comportarse con diligencia y generosidad entre ellos. La generosidad del cristiano emana del Cristo, que no se aferró a su condición divina, sino que se humanizó para impartir  la gracia de Dios a todo el mundo. Los afectos entrañables son gestos, acciones y palabras que despiertan la fe y la esperanza de los hermanos entre sí. La comunión en el Espíritu es la confianza que va más allá de toda duda. Es la confianza que los cristianos gozan entre sí, en virtud de su consagración y hermandad en Cristo. La  misericordia resulta de la bondad de Dios, que despierta la pasión de los hermanos para hacer el bien a su prójimo. El conjunto de estas virtudes, que proceden del pensar y actuar conforme al espíritu de Cristo, crean buenas actitudes y hábitos en los cristianos que edifican la unidad de la iglesia y se fortalecen y activan en su militancia como cristianos.  Por eso, Pablo dice que los filipenses «han de completar mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa» (Flp 2.2). La expectativa de Pablo es que la realización de ellos como cristianos, ha de resultar en su realización personal y en su gozo como siervos de Dios.

Sentirse personalmente completado en el éxito de los demás es la quinta esencia de la unidad del cristiano con Cristo y con sus hermanos y hermanas en la fe. El hombre carnal entiende su triunfo solo como la derrota de su enemigo, en cambio, la persona que está en comunión con Cristo, entiende su triunfo como triunfo de todos. Por eso es que Pablo exhorta a los filipenses a no actuar: «por rivalidad o por vanidad; antes bien, con humildad estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo».      

Explicamos en el análisis de la lección, que el pedido de Pablo a los filipenses a que cada quien considere a los demás como superiores a él mismo, rebasa la relación adversativa del mundo. Relación en la cual prevalece la enemistad de unos contra otros. En cambio, la relación interpersonal de los cristianos se nutre del ejemplo de Cristo, quien es único y especial, ya que se mantiene en virtud de la fe, del amor y de la generosidad, que orientan a todos hacia la paz con Dios y la fraternidad humana.  

La segunda aplicación que Pablo hace sobre su enseñanza de que es necesario pensar y sentir conforme a la mente de Cristo, trata sobre la influencia de los cristianos en la sociedad civil y se encuentra en Filipenses dos, versículos del doce al dieciséis. En ellos, Pablo dice que los cristianos deben comportarse fuera de la iglesia como «luminares del mundo».  Él dice, que para ser luminares en el mundo, los cristianos deben hacer todas las cosas: «sin murmuración ni discusiones». ¿Cómo es posible que el cristiano deje de murmurar y discutir? Debemos entender que discutir las cosas para ponerse de acuerdo es vital para toda comunidad humana y que cuando se dice que los hermanos no murmuren o discutan, se refiere a que no debatan como si estuvieran lidiando  unos contra otros; porque si, verdaderamente, piensan con la mente de Cristo, «Dios es el que en vosotros produce el querer como el hacer» (v. 12). En virtud de que Dios es quien produce en los cristianos el querer y el hacer, existe en la iglesia una actitud de confianza en la buena voluntad de todos los creyentes. La unidad de pensamiento con Cristo produce en la iglesia una unidad maravillosa de voluntades y acciones, que se origina en Dios y se refleja en la sociedad civil. Esta unidad, que sirve al querer y el hacer de Dios es la fortaleza de la iglesia. Es el foco de atracción para un mundo cansado de divisiones, violencias e injusticias, causadas por personas que solo buscan satisfacer sus intereses egoístas.

En el contexto de enfermedad social existente en la comunidad civil, Pablo exhorta a los filipenses ha permanecer «asidos a la palabra de vida, para que en el día de Cristo, yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado» (v. 16). De ese modo, Pablo enfrenta la filosofía que predica que todo es vanidad de vanidades, como expresó Eclesiastés. Dirige su acción al único blanco que tiene esperanza cierta y que consiste en que todos los hermanos y hermanas puedan vivir y trabajar en unidad con Cristo. Esa forma de obrar es la única que tiene recompensa que supera la vanidad del mundo.

En unidad con Cristo, Pablo siente que aunque él «tenga que ser derramado en libación sobre el sacrificio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros» (v. 17). En virtud de su unidad con Cristo, los dolores de su pasión pastoral se convierten en gozo. Todo el que trabaja asido a la Palabra por la redención del mundo siembra el evangelio. Lo siembra sabiendo que su gozo no es solo personal, sino que es salvación abierta a todos. Salvación, que es lo que Cristo desea y por lo que la iglesia trabaja cada día, mientras avanza hacia el advenimiento pleno del Reino de Dios, que ha de suceder en la manifestación del día de Cristo en la consumación de la historia.

RESUMEN:
En esta lección hemos hecho énfasis en que:

  • El amor del cristiano tiene que ser en espíritu y en verdad, es decir: que contenga palabras y acciones en conformidad con la mente y el sentir Cristo.
  • La característica de la mente de Cristo es que Él pensó, sintió y actuó con un sentido de sacrificio, cuyo motivo no era  su bien personal, sino que era agradar a Dios y salvar a los seres humanos.
  • Amar como Cristo amó conlleva riesgos que la naturaleza humana se resiste a asumirlos, pero que si uno los asume conforme al  espíritu de Cristo, Dios ha de actuar en uno y con uno, para que se cumpla su propósito redentor y uno pueda realizarse como cristiano en unidad con los hermanos en la fe.
  • Al cristiano le sucede lo mismo que le sucedió a Cristo, para quien la cruz primero fue un signo de vergüenza, humillación y sacrificio, pero luego vino a ser un potente signo de la gloria y el amor redentor de Dios.
  • Todos los que voluntariamente sirvan a Dios en espíritu y en verdad, han de descubrir que Él los acompaña en toda crisis y que los sacrificios que tengan que hacer se han de convertir en crecimiento, triunfo y salvación para todos.
  • El acompañamiento que Dios da a sus fieles seguidores produce múltiples bendiciones, como son: el consuelo en Cristo, los estímulos de amor, la comunión en el Espíritu y los afectos entrañables compartidos en la hermandad cristiana.
  • Todas estas bendiciones sostienen a los cristianos en el camino del amor y la verdad y producen en ellos actitudes,  hábitos y conductas que agradan a Dios y perfeccionan la vida humana.  

ORACIÓN:

Oh Dios y Padre Celestial, gracias te damos por Jesucristo, que ante Ti se ofrendó a sí mismo por nosotros. Por sus llagas fuimos curados y por su sacrificio gozamos de la comunión contigo y de la hermandad con todos tus hijos e hijas. Ayúdanos para que podamos mantener nuestra unión contigo, con nuestros hermanos en la fe y para que unidos podamos crecer y servir en espíritu y en verdad. Amén.