Revista El discípulo




Lección especial sobre la Reforma Protestante

A quinientos años de la Reforma

Autor: Dr. Justo González

Texto Áureo: Romanos 12.2
Texto Bíblico: Romanos 12.1-8

INTRODUCCIÓN:

Esta es una lección especial que por el momento se aparta de la serie de estudios bíblicos que estamos haciendo para tomar en cuenta que el martes 31 de octubre de 2017 se cumplirán 500 años del día en que Martín Lutero, al clavar sobre la puerta del castillo de Wittenberg sus famosas 95 tesis, le dio inicio a la Reforma Protestante.

Comience la lección preguntándole a la clase qué experiencias ha tenido durante estos últimos días en que tantas personas e iglesias han estado conmemorando el inicio de la Reforma. Es posible que algunos hayan asistido a concentraciones públicas para dar testimonio de su fe evangélica. Es posible que otras personas hayan asistido a servicios especiales en sus iglesias o hayan visto dramas o películas. Otras habrán escuchado conferencias en algún centro de enseñanza. Algunas habrán leído algún libro o material, ya sea impreso o por medio de Internet. Es posible que en algunas iglesias haya grupos de estudio, de manera que algunos de los miembros de la clase puedan llevar algún tiempo estudiando el tema de la reforma.

Pregúntele a la clase qué han aprendido en todas esas celebraciones y actos conmemorativos. Haga una lista abreviada de las respuestas a esa pregunta.

Explique que el valor de los conocimientos históricos no está solo en que satisfacen nuestra curiosidad, sino y sobre todo, en que nos sirven de pauta y guía en las decisiones que hemos de tomar en el presente. No basta con saber mucho acerca de la Reforma, es necesario reflexionar acerca de lo que aquellos acontecimientos de hace 500 años nos enseñan.

PROPÓSITO:

El propósito de la lección especial de hoy es, en medio de todo lo que escuchamos y hacemos en conmemoración del inicio de la Reforma Protestante, detenernos a pensar acerca de lo que esa reforma nos enseña para nuestra vida cristiana hoy, tanto individual como colectiva. ¿Será necesaria una nueva reforma? De ser así, ¿qué nos enseña aquella reforma de hace ya 500 años?

VOCABULARIO:

«JUSTIFICACIÓN POR LA FE»: La afirmación de que Dios no nos declara justos porque lo seamos, sino más bien por un acto de absolución gratuita.

«SACERDOCIO DE TODOS LOS CREYENTES»: El hecho de que todos los creyentes son sacerdotes que pueden y deben acercarse a Dios, no solamente en su propio nombre, sino en el del resto de la iglesia, para pedirle por sí mismos, por la iglesia y por toda la creación de Dios – particularmente por quienes no oran ni conocen a Dios.

«AUTORIDAD DE LAS ESCRITURAS»: El principio de que en materia de fe y conducta no hay autoridad por encima de las Escrituras. Los reformadores afirmaron esto porque a través de los siglos se habían acumulado prácticas y tradiciones que, en lugar de afirmar y manifestar la fe bíblica, la contradecían – o al menos la obstaculizaban.

BOSQUEJO DE LA LECCIÓN:
I. El quinto centenario de la Reforma
            A. Reconocimiento de las celebraciones y conmemoraciones de estos días
            B. Lo importante es descubrir lo que la Reforma nos enseña
II. Lo que significa no conformarse al mundo
III. Lo que eso significa para la iglesia

RECOMENDACIONES EDUCATIVAS:
Entre las recomendaciones educativas que pueden ayudar al desarrollo y análisis de la lección de hoy, están las siguientes:          

  • Puesto que en estos días la clase habrá escuchado mucho acerca de la Reforma Protestante, es importante tomar esto en cuenta. Puesto que esa reforma se volvió y en cierta medida sigue siendo motivo de contención, hay mucha información falsa sobre el tema. No es este el lugar para discutir todo eso. Si a usted o a la clase le interesa saber más al respecto, hay abundantes materiales. Su pastor o pastora u otro líder denominacional, pueden darle alguna guía al respecto.
  • Es importante notar que el propósito de esta lección no es saber más acerca de la Reforma o de los principales reformadores. El propósito principal es entender lo que el espíritu reformador pueda significar para la iglesia al día de hoy. Aunque la historia nos ayuda a entender tanto el pasado como el presente y hasta a concebir el futuro, en esta lección centramos la atención en nuestras propias situaciones y lo que el espíritu reformador pueda implicar para ellas, no en la historia de la Reforma.
  • Empiece la clase con unas pocas palabras acerca de los 500 años de la Reforma, pero pase inmediatamente a estudiar el texto bíblico. Explique que en este caso el material que se le ha dado como maestro o maestra incluye algunos comentarios de Lutero y de Calvino sobre el pasaje bíblico que hoy estudiamos y que de ese modo estaremos relacionándolos con los reformadores a través del estudio de las mismas Escrituras que ellos estudiaron hace 500 años. Con la ayuda de aquellos antiguos reformadores, trataremos de descubrir lo que Dios tiene que decirnos acerca de la necesidad de una reforma en nuestros días.

ANÁLISIS DE LA ESCRITURA

Romanos 12.1-8

En vista de que estamos recordando y conmemorando el quinto centenario de la Reforma Protestante, los materiales que siguen en esta sección explicando el sentido de la Escritura, en lugar de ser obra del autor de la lección, como es costumbre, han sido extraídos de los escritos de dos de los más importantes reformadores, Martín Lutero y Juan Calvino.

v. 1: «Por lo tanto, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios»: «Esta exhortación nos enseña que mientras no hayamos verdaderamente comprendido cuanto le debemos a la misericordia de Dios, nunca podremos tener el sentimiento recto para adorarle ni tampoco seremos movidos eficazmente para temerle y obedecerle... Pablo, para atarnos a Dios, no mediante el temor servil, sino por un amor de la justicia voluntario y gozoso, nos llama mediante la dulzura de esa misericordia, que es la que produce nuestra salvación» (Juan Calvino).
            «El apóstol se dispone ahora a establecer ciertos principios de ética cristiana. Y su preocupación primordial, hasta el final mismo de la carta, es erradicar nuestra soberbia y nuestro insistir en la opinión personal» (Martín Lutero).
            «…que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro verdadero culto»: «Esto nos enseña que los mortales que no se dedican al culto de Dios no hacen si no andar errantes y perderse. Aquí vemos la clase de sacrificios que Pablo le recomienda a la iglesia cristiana, puesto que habiendo sido reconciliados por Dios mediante el único verdadero sacrificio de Cristo, ahora por su gracia todos somos hechos sacerdotes, a fin de que nos dediquemos como sacrificio y le demos toda la gloria a Dios» (Juan Calvino).
            «Lo que en verdad hay que presentar en sacrificio a Dios no es algo fuera de nosotros como nuestro ni algo temporal o limitado a determinada hora. Es nuestra propia persona, presentada como sacrificio eterno» (Juan Calvino).

v. 2: «No os conforméis a este mundo, sino transformaos»: «La palabra mundo tiene varios significados, pero aquí se refiere a la moral y los sentimientos humanos, a los cuales, con razón, nos prohíbe que nos adaptemos. Porque puesto que todo el mundo está envuelto en la iniquidad, si verdaderamente queremos vestirnos de Cristo, nos corresponde deshacernos de todo lo que tenemos del viejo hombre» (Juan Calvino).
            «Transformaos, dice el apóstol. Bien podría haber dicho también progresad, porque está hablando a personas que han comenzado ya a ser cristianas. La vida de éstos no es algo estático, sino que es un moverse de lo bueno hacia lo mejor, así como un enfermo se halla en movimiento desde la enfermedad hacia la salud» (Martín Lutero).
            «Mirad con detenimiento para ver la clase de renovación que se nos requiere. No se trata solamente de una renovación de la carne..., sino de una renovación de nuestro entendimiento, que es nuestra parte más excelente... Los sabios piensan que la razón es una reina sapientísima. Pero Pablo la derroca de su trono y la reduce a la nada enseñándonos que nuestra propia mente tiene que ser renovada» (Juan Calvino).
           

v. 2: «…por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis la voluntad de Dios»: «Si la renovación de nuestro entendimiento es necesaria para que podamos comprobar la voluntad de Dios, resulta evidente cuán contrario a Dios es ese entendimiento» (Juan Calvino).

v. 3: «Digo, pues… Que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura»: «En lo que precede, el apóstol nos mostró cómo hemos de comportarnos para con Dios… Ahora, y hasta el final de la carta, nos enseña cuál ha de ser nuestro comportamiento frente a nuestro prójimo» (Martín Lutero).
            «Lo que esto quiere decir es que parte de nuestro sacrificio razonable es rendirnos al gobierno y dirección de Dios con un espíritu humilde y dispuesto a aprender. Además, al contraponer la fe al juicio humano, nos advierte sobre nuestras propias opiniones» (Juan Calvino).

v. 3: «…conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno»: «Puesto que los dones se distribuyen de diversas maneras, cada cual ha de mantenerse dentro de los límites de la sabiduría, es decir, de la gracia de fe que el Señor le ha dado» (Juan Calvino).

v. 4: «De la misma manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros…»: «Pablo no habla solamente de amarnos unos a otros con amor fraternal, sino que también recomienda la humildad, que es la mejor guía para toda nuestra vida. Cada cual intenta tener tanto que no tenga necesidad de los demás. Pero el vínculo de nuestro compartir es tal que en realidad nadie puede bastarse a sí mismo, sino que se ve obligado a tomar prestado de otros. Declaro por lo tanto que la sociedad de los creyentes no puede existir sino cuando cada cual se contenta con su propia medida y les da a los demás de los dones que ha recibido, al tiempo que está dispuesto a recibir el auxilio de los dones de otros» (Juan Calvino).

v. 6: «…el que tiene don de profecía, úselo conforme a la medida de la fe»: «El apóstol se dirige en primer lugar contra los falsos profetas. Pues el don de la profecía solo debe poseerse y ejercerse ‹conforme a la medida de la fe›. Contra este precepto atentan los que pronuncian profecías extraídas del intelecto humano o basadas en conjeturas con rostro de probabilidad que se apoyan en fenómenos o señales de la naturaleza, como lo hacen por ejemplo quienes predicen los planes de Dios consultando los astros» (Martín Lutero).

vv. 7-8: «…el que tiene don de profecía… el de servicio... el que enseña... el que reparte... el que preside... el que hace misericordia»: «Ahora bien, el tratar de establecer un orden de prioridades en este catálogo de buenas obras..., es a juicio mío una cuestión que bien podemos dejar de lado, no sea que por concentrarnos en entender el supuesto orden de los miembros del párrafo, perdamos el correcto entendimiento del contenido» (Martín Lutero).

APLICACIÓN:
Hay dos modos de acercarse a algún gran momento en la historia. Uno de ellos es celebrarlo, ufanarnos de ser parte de sus herederos y contentarnos con eso. Otro es no solo celebrarlo, sino y sobre todo, ver lo que aquel momento pueda significar para nuestros días. Esto es particularmente cierto de la Reforma Protestante. En estos días hay grandes celebraciones, concentraciones, programas radiales y de televisión y toda clase de recuerdo y celebración de aquello que ocurrió hace cinco siglos. Todo eso es necesario y bueno para entender algo de nuestra propia identidad. Al mismo tiempo tenemos que cuidar, por una parte, de no olvidar ni ocultar los errores que los reformadores cometieron, por otra, de no usar aquellos grandes acontecimientos y el valor de sus héroes, para ocultar el hecho de que hoy tenemos desafíos semejantes a los de ellos. Aquí viene bien la antigua frase de «no dormirse sobre los laureles» –es decir, no permitir que las glorias pasadas nos oculten los desafíos presentes.

Cuando estudiamos la Reforma de este modo, nos damos cuenta de que aquel gran acontecimiento es uno de los muchos episodios en los cuales el Espíritu Santo ha estado reformando una y otra vez al pueblo de Dios. Esto es lo que afirma la famosa frase que se emplea frecuentemente como lema de la iglesia reformada: «una iglesia reformada y siempre en proceso de reforma» –ecclesia reformata semper reformanda. Lo que esto quiere decir es que la reforma de la iglesia no es un momento, sino que es más bien toda su historia, no es un hecho pasado, sino que tiene que ser un reto presente. Dicho de otra manera, no se trata de un participio pasivo –«reformada»– sino de un gerundio –«reformando».

El pasaje que estamos estudiando lo dice claramente: «no os conforméis a este mundo, sino transformaos». Pablo les estaba escribiendo a creyentes en la capital misma del Imperio. Creyentes rodeados de pompa y poder. Creyentes frecuentemente marginados por los poderosos. Por tanto, creyentes constantemente tentados a seguir el ejemplo de esos poderosos y aceptar su sistema de valores –es decir, a conformarse a este mundo. El «mundo» a que se refiere Pablo tiene varias dimensiones. Las más claras e inmediatas tienen que ver con conductas específicas. Si en Roma se acostumbraba que los poderosos tuvieran concubinas, no conformarse a ese mundo implicaba no seguir tales costumbres. Esto es algo que conocemos bien en nuestras tradiciones, de las cuales se nos ha enseñado que hay ciertas prácticas o costumbres que los creyentes deben abandonar y rechazar.

Cuando Pablo habla de no conformarse al «mundo» está diciendo mucho más. El «mundo» a que se refiere Pablo es todo un sistema de valores sociales, todo un modo de entender la vida humana y el orden social. El mundo a que se refiere Pablo es aquel en que el éxito en la vida se mide sobre la base de cuánto dinero se tiene, de cuán lejos la fama alcanza o de cuántos empleados se supervisan. Es un mundo en que quien está más cerca del gobierno –usando la expresión de aquellos tiempos, quien se sienta a la diestra del rey –se considera persona privilegiada y admirable. Es el mundo cuyas actitudes reflejaban aquellos discípulos que vinieron a Jesús pidiéndole sentarse uno a su diestra y otros a su izquierda cuando Jesús viniera en su gloria. Sabemos lo que Jesús les respondió. En el Reino de Dios, el mayor no es aquél a quien más personas sirven, sino más bien aquél que sirve a más personas. No conformarse al mundo implica un cambio de valores radical. Esto no es fácil.

No es fácil, lo indica el propio Pablo al decir que todo esto tiene que basarse en un sacrificio. Dice él: «que presentéis vuestros cuerpos, como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios». Todos los intérpretes concuerdan en que aquí el «cuerpo» quiere decir la vida toda. En otras palabras, que para no conformarnos al mundo no basta con abstenernos de ciertas conductas y seguir otras, sino que es necesario un cambio radical, una entrega total. Ese cambio no es solamente cuestión de lo que se hace o no se hace, sino cuestión del modo todo en que se organiza la vida tanto privada como social.

Esto lo deja bien claro el texto al decirnos que es en ese sacrificio que consiste el «culto racional» –o como dicen otras versiones, el «verdadero culto». Muchas veces nos pasamos el tiempo discutiendo si deberíamos celebrar el culto de una manera o de otra y nos olvidamos de que el verdadero culto, el culto que Dios quiere, es precisamente este sacrificio que conlleva un cambio en todos nuestros valores.

Esto es un verdadero sacrificio, nos obliga a ver la sociedad toda de una manera diferente a como el mundo la ve. Si en el mundo se respeta más a quienes más mandan, más tienen y más pueden, en esa otra realidad se ha de respetar ante todo a quienes más sirven y se ha de servir sobre todo, no a los deseos de los poderosos, sino a las necesidades de los débiles.

Volviendo al tema de la reforma, el principio de que una iglesia reformada ha de estar siempre en proceso de reforma se debe a que una vida reformada ha de estar siempre en proceso de reforma. No es cuestión de pensar que de una vez por todas ya todo está hecho, sino que tenemos que continuar el proceso de transformación que, gracias a la inspiración y el poder del Espíritu Santo, nos permite no conformarnos al mundo.

Lo que decimos de nuestra vida individual, es cierto de la iglesia. Al igual que cada uno de nosotros y nosotras, la iglesia está constantemente tentada a conformarse a este mundo –a volverse una organización en la cual se respete más a quien más manda y se deje a un lado a quienes más necesitan. Porque esa tentación es constante, también ha de serlo el esfuerzo de renovación. Si algo nos enseña la Reforma Protestante del siglo XVI, es que no hay tal cosa como una reforma de una vez por todas. Las atracciones y presiones del mundo son demasiado poderosas. Constantemente tenemos que estar en vigilancia para asegurarnos de que ni individualmente ni como iglesia, nos conformemos al mundo, sino que nos presentemos en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.

RESUMEN:

  • Al terminar la sesión, recuérdele a la clase lo que hemos dicho acerca de la Reforma del siglo XVI. En estos días en que se celebra y se conmemora esa Reforma, debemos cuidar de no pensar que ya con eso todo está hecho. La reforma no es solo gloria pasada, sino un reto presente.
  • La razón por la que ese reto siempre está con nosotros no es que la Reforma haya fracasado o haya quedado truncada, sino es que toda iglesia y cada generación tienen constantemente la tentación de conformarse al mundo. El único modo de evitarla es mediante una renovación del entendimiento, es decir, empezar a ver las cosas todas de una manera diferente. Esa renovación tiene que ser constante, ya que es necesaria la reforma tanto en la iglesia como en cada creyente individualmente.
  • Termine la clase leyendo todo el pasaje bíblico hasta el fin del versículo 8. Puesto que en el material que aparece más arriba no hemos discutido todo el pasaje, al final de la clase, después de haber explicado en qué consiste la transformación necesaria y cuáles son las tentaciones del mundo, el resto del pasaje casi se explica por sí solo, lo que sigue es sencillamente una serie de ejemplos de lo que implica no conformarse al mundo.

ORACIÓN:
Te damos gracias, Dios y Señor de todos los tiempos, por lo que sucedió en aquellos tiempos de la Reforma Protestante. Te pedimos que en estos tiempos nuestros actúes en nuestros corazones, en nuestra iglesia y en nuestra sociedad con la misma fuerza con que lo hiciste antes mediante tu Espíritu, dándonos la transformación necesaria para no conformarnos a este mundo. Por Jesucristo, el Rey que vino no para ser servido, sino para servir, Amén.